La visión de Horacio Parragué, del Oshkosh AirVenture 2015

POR

8 de noviembre, 2015
POR ,

Leyendo con interés el número de octubre de la conocida revista de aviación Plane&Pilot veo dos artículos, escritos por fogueados columnistas, respecto el gran espectáculo que significó EAA AirVenture Oshkosh 2015 en cuanto a los records que constituyeron la gran cantidad de aeronaves asistentes, así como un público de como 550.000 personas, 16.278 movimientos de aeronaves registrados, 800 expositores y la multitud de nuevos modelos de equipos y aeronaves.
El hecho que en octubre se siga comentando lo ocurrido, a fines de julio en Oshkosh, me animó dar a conocer, a continuación, mis impresiones al respecto, ahora en noviembre.
Como fiel musulmán, que tiene que peregrinar por lo menos una vez en la vida a La Meca, o como buen cristiano, visitar Tierra Santa o Santiago de Compostela, un piloto también tiene que acudir en devota peregrinación a Oshkosh. Pequeña pero pujante localidad del centro oeste del estado de Wisconsin, junto al Lago Winnebago tributario del inmenso Michigan. Está rodeada de un lindo paisaje salpicado de pequeños lagos y de inmaculadas granjas con típicos graneros y silos rojos, los que resaltan contra lo verde y frondoso del campo durante el estío boreal. No en vano se ufana Wisconsin, en las patentes de sus vehículos, de ser la tierra de la lechería en América. También aquí, entre otros tipos de vehículos especializados, se fabrican esos grandes carros para combatir incendios, que vemos en los aeropuertos, marca Oshkosh por supuesto. Además se encuentra en Oshkosh la fábrica de los aviones Sonex, de los que ya hay varios en Chile.
En el Aeródromo Regional Wittman se celebra anualmente la Convención de la Asociación de Aeronaves Experimentales (EAA), esta vez era la sexagésima tercera. Es la ocasión que congrega la mayor cantidad y variedad de aeronaves y entusiastas de la Aviación General en el mundo. Se encuentra todo tipo de servicios y productos de aviación, desde lo que conocemos como cachureos hasta equipos de la más sofisticada tecnología. El público también es tanto, tan diverso y cosmopolita como las aeronaves que admira.
Hechos estos preámbulos, paso a relatar que la idea de ir a Oshkosh se empezó a considerar en el Club Universitario de Aviación a principios de año. La cosa se veía un poco remota por la distancia, el tiempo y el presupuesto. Pero poco a poco fue madurando y un buen día, durante la
celebración de los 85 años de la Fach, el 21 de marzo, nuestro socio y Presidente de Fedach Marcos Arellano me espeta: Profe, le invito un pasaje a Oshkosh. Ante semejante sorpresa, de puro contento quedé mudo hasta que Marcos dijo: ¡Pero Profe, diga algo poh!
El tiempo corre rápido, y me encuentro juntando unos pocos US$ y el mínimo de equipaje. Desgraciadamente, de los varios que iríamos, por sus obligaciones, se fueron bajando algunos y solo vamos quedando cuatro. El Presidente de Fedach, Marcos Arellano; el Presidente del Club Universitario de Aviación, Patricio Cook y el socio Hermann Flores, representante de Evektor en Chile.

El 19 de julio, con los primeros dos peregrinos me encuentro disfrutando de un salón VIP, en espera del vuelo de Delta que nos llevará directo a Atlanta durante la noche. Mi asiento no es tan VIP, pues no es pasillo ni tiene ventana, de modo que me entretengo leyendo y siguiendo el progreso del vuelo en la pantalla frente a mí. Me consuelo con que a treinta y tantos mil pies es poco lo que se puede ver de noche. Por fortuna la península de Florida está despejada y desde la ventana, que finalmente me conseguí, se dibujan magníficos y relucientes los cayos del sur de la península así como Miami y las ciudades, que cuyas luces continúan hacia el Norte hasta perderse en la distancia. Los Everglades y el lago Okeechobee se ven como inmensos vacíos negros en un cielo estrellado. Luego del desayuno aterrizamos sin novedad en Atlanta. El largo rodaje hacia uno de los muchos terminales, de este inmenso aeropuerto, se hace interesante por la profusión de luces de colores que señalan las pistas y las múltiples calles de rodaje, las que vamos cruzando como recorriendo un misterioso jardín de refulgentes gemas.
Nos trae a la realidad la larguísima cola para el trámite de ingreso al país y las estrictas medidas de seguridad antes de embarcar para Milwaukee. Mejor, nadie quiere que lo estrellen contra un edificio, por muy famoso que este sea.
La parte interesante de esta última etapa es el trayecto sobre el lago Michigan, uno de los Grandes Lagos y que es casi ochenta veces el Llanquihue. Se lo recorre paralelo a su costa Oeste por casi 80 NM admirando la gran ciudad de Chicago iluminada por el sol matutino, y también Milwaukee durante la larga aproximación hacia el Oeste. Aquí se nos reune Hermann, el cuarto peregrino del grupo que venía en otro vuelo.
Todos juntos, ahora, partimos en auto a North Fond du Lac, pequeña localidad que, como lo indica su nombre, está en el extremo Sur del Lago Winnebago. La casa de un matrimonio amigo de Hermann va a ser nuestro cuartel general durante la estadía. Una buena casa, en un tranquilo sector y con una pequeña laguna con patos silvestres como patio trasero; estamos
como en pleno campo. Acomodados y después de un pequeño refrigerio partimos a Oshkosh, distante unos treinta minutos en auto hacia el Norte. Todo ordenado, bien señalizado, amplios estacionamientos para autos y casas rodantes, mucha gente saliendo y entrando, banderas de todos los países, muchas y variadas aeronaves en el aire y no hay aglomeraciones.


La entrada está flanqueada por dos motores radiales con sus respectivas hélices tripala y capotas, montados sobre pedestales de hormigón y al centro un mástil con la bandera nacional. Dominando todo el ámbito se destaca la magnífica Torre de Control, muy buen punto de referencia. En las boleterías compramos los pases, consistentes en pulseras de distintos colores como las usadas para identificación en los hospitales. Después de someternos a una sencilla revisión de seguridad, hecha por lindas y simpáticas voluntarias, ingresamos al recinto. Gran parte del personal de la organización de este evento son personas voluntarias de todas las edades, distinguibles por sus vistosos chalecos de seguridad. Están permanentemente controlando los accesos, los cruces peatonales, informando, vendiendo entradas, atendiendo en el pabellón de la EAA, etc. La organización es muy buena, hay lugares de comida en todos los sectores así como excelentes servicios higiénicos y a pesar que hay bancos para sentarse y descansar, es muy conveniente disponer de una silla plegable para contemplar los variados espectáculos aéreos con comodidad.
Es tanto lo que hay que ver y es todo tan amplio que es mejor recurrir a la Guía del Visitante para organizar un buen recorrido. Se está en lo mejor en un novedoso pabellón cuando comienza una actividad interesante en otro sector. Los vuelos no paran, permanentemente se están realizando vuelos populares en helicópteros, en un dirigible de Good Year y en Trimotores Ford simultáneamente con formaciones de North American T-6 Texan, Beechcraft Mentor, North American P-51 Mustang, North American B-25 Mitchell, RV-8, Yak 52 y muchas presentaciones de acrobacias individuales de Waco Taperwing con turbina, Sonex JSX-2 monoplaza también con turbina, Beech 18/C-45, North American T-6 Texan y P-51 Mustang entre varios otros. También hay vuelos de exhibición de aviones históricos y actuales como Airbus A350, el Boeing B-29 Superfortress “FIFI”, Avro Lancaster, Boeing B-17 Flying Fortress, Lockheed F-35, Boeing B-52 Stratofortress, North American F-100 Super Sabre, (Boeing) Stearman Kaydet y AV-8B Harrier II por nombrar unos pocos. En la noche del 22 disfrutamos de una excelente demostración de acrobacias nocturnas individuales y en formación, con un despliegue de fuegos artificiales tanto aéreos como terrestres, en que los aviones dejaban, como cometas, extensas estelas multicolores.
Por algo se dice que en esos días Oshkosh es la Torre mas atareada en el mundo. Creo que sería bueno que algunos controladores fueran y gozaran de tal espectáculo.
Aparte de todo lo anterior, se tiene la exhibición estática de las mas variadas aeronaves ligeras, réplicas, experimentales, históricas civiles y militares de distintas épocas.
Por si lo anterior no fuera suficiente, a unos pocos kilómetros, en una abrigada ensenada en el lago Winnebago nos encontramos con la Seaplane Base. Un bucólico lugar, refugio de toda clase de hidroaviones y anfibios, que invita a disfrutar, a la sombra de un frondoso bosque, de la actividad de este tipo de aeronaves poco comunes en Chile. Se las ve despegar, ingresar a la ensenada y efectuar las delicadas maniobras de rodar, fondear, atracar en los muelles y en las orillas.
No se sorprendan cuando vean que, al final del día, han caminado 12 o más kilómetros. En la multitud es fácil separarse del grupo, así que unas pequeñas radios portátiles son muy útiles para reunirse nuevamente. La primera tarde nos encontramos con un numeroso grupo del Club Aéreo de Santiago, con el que compartimos después una agradable cena.
Al día siguiente cada uno se dedicó a sus intereses y nos reuníamos casualmente o por medio de las radios. Esta vez nos encontramos con otro grupo numeroso, los colegas de Curacaví. Habían arrendado una magnífica casa con un arbolado jardín a orillas del lago Winnebago, donde disfrutamos de la buena charla y de un buen asado esa noche. Al día siguiente, la gente de Sonex nos invitaron a un ágape en las instalaciones de la fábrica al otro lado del aeródromo. También aceptamos gustosos una invitación a un vuelo demostrativo en un Evektor Harmony en el hermoso condominio del aeródromo Brennand próximo a Oshkosh, y posteriormente a una cena con la gente de Evektor, en el mismo lugar.
Finalmente llegó el día de regresar, el que siempre viene acompañado del doble deseo de querer quedarse y querer partir. Para cumplir con el primer deseo nos dimos la libertad de disfrutar unos días en Miami, lejos de los aviones. Pero fatalmente terminamos en la playa viendo el continuo flujo de aviones aproximando al aeropuerto internacional y avioncitos y helicópteros pasar bajo ellos siguiendo la línea costa. Creo que sería bueno, también, que algunos controladores fueran y gozaran de las tibias aguas de Florida y de tal espectáculo.
Deshaciendo el camino, volamos a Atlanta a esperar el vuelo a Santiago, donde llegamos felices y agradecidos de la experiencia y de los buenos ratos que disfrutamos.
Horacio Parragué Bonet
Santiago, noviembre de 2015.

Únete a la discusión

Nos reservamos el derecho de eliminar y/o modificar comentarios que contengan lenguaje inapropiado, spam u otros. Los comentarios publicados no representan necesariamente la opinión de ModoCharlie.
  • Juan Carlos Velasco hace 2 años

    Ver Oshkosh y morir en paz…

    Responder |
  • carlos johnson hace 2 años

    Como siempre, un magnífico y detallado relato que nos motiva aún mas a “no morir antes de ira a Oshkosh..”

    Maestro en las letras y en la aviación.

    Gracias Horacio por compartir esta maravillosa experiencia con la comunidad aeronáutica.

    Responder |
  • Ricardo Burgos hace 2 años

    Muchísimas gracias por el excelente relato y fotos para un evento único e imperdible.

    Responder |