La temporada de Vuelo a Vela parte con el pie derecho en Olmué

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15 de octubre, 2016
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Info y fotos, cortesía Club de Planeadores de Valparaíso.

El día martes 4 de Octubre nuestro club abrió oficialmente la temporada de vuelo a vela con dos espectaculares vuelos desde Olmué a la cordillera de los Andes. Los planeadores fueron nuestro DG-200 y el único Marianne (biplaza) registrado en Chile. Este último inauguró su primera llegada a la cordillera ese día, y a bordo, nuestro socio David Flint también disfruto de su primera “vuelta olímpica” a la cordillera desde Olmué bajo la instrucción de Sergio Campos. Felicitaciones a nuestros pilotos. ¡La temporada ha comenzado de manera fenomenal! Abajo, les dejamos testimonio de David Flint.

Suena el teléfono, es Sergio, pero estoy en clases. Sé exactamente de que se tratará nuestra conversación pero aun así debo esperar los 10 minutos que me quedan para salir de clases para devolverle el llamado. Lo llamo sin saludarlo ya que a estas alturas eso es una pérdida de tiempo, y me dice inmediatamente: David, podemos dar la vuelta olímpica en el Centrair 201 Marianne CC-ATZ hoy.

Primeramente, es necesario explicar que la vuelta olímpica es el nombre que le ha otorgado nuestro club a un vuelo que abarca desde nuestra pista en Olmué, cruzando hasta la cordillera de los Andes y llegando al Norte a la altura de la Laguna Copín, y luego retornando a Olmué. El vuelo es de unos 220 km y nunca lo había realizado, por lo que a pesar de tener muchas cosas que hacer, decidí que mi prioridad era volar la vuelta Olímpica, y que lo que quedaba en tierra se podía procrastinar.

Segundo, el Marianne 201B es un planeador biplaza de buena performance adquirido por uno de nuestros socios directamente desde Francia, en el cual, personalmente, nunca había volado. Ya llevamos dos cosas que yo nunca había hecho en un solo vuelo. Y tercero, mirando mi reloj estimé que la hora de llegada al aeródromo desde Concón sería a las 15:15. Bastante tarde para dar la vuelta Olímpica siendo que el DG-200 del Club había salido a las 14:00 con Francisco Corral Monsalve a bordo. Sin embargo, pensé que si Sergio decía que se podía, entonces se podía.

Llegué a la pista, nuevamente sin mucho tiempo para saludar, miré el planeador ahí esperando a sus tripulantes, y tuve un par de minutos para familiarizarme con la cabina. Si bien, era una nueva máquina para mí, la mayoría de los planeadores tienen todo estandarizado y con colores por lo que no se diferencia en absoluto del Pilatus que suelo volar. Despegamos. El Marianne es un poco más pesado pero despegó como cualquier otra aeronave. Luego de un remolque a 500 m sobre nuestro fiel Cerro Nido de Cóndores logramos enrollarnos en una buena térmica, que nos permitió llegar hasta los 2.600 metros sobre el mar vertical el Cerro Roble, altura suficiente para hacer el cruce a la Cordillera. Todo iba excelente hasta ahora…

Comenzamos el cruce a la altura anteriormente mencionada, pero eso involucra pasar sobre una zona sin montañas la cual no permite apoyarse en las laderas para subir, o al menos disminuir el descenso, y en donde se espera descender un par de cientos de metros hasta llegar al cordón de Chacabuco por el Este. Sin embargo, ese día el variómetro (instrumento que marca ascenso y descenso) en vez de marcar los acostumbrados -2 metros por segundo, ¡marcaba entre -4 y -5! Eso significa que en el cruce éramos más bien un piano en caída libre que un moderno planeador.

Esto significó que llegamos a la cuesta de Chacabuco con una altura de 1780 metros, siendo la mínima para la zona 1.600 metros, en donde, alcanzando la mínima, se debía inmediatamente enfilar a alternativa Chacabuco, que de haber sido un par de días después hubiese estado cerrada por trabajos en pista. O sea, quedamos con un margen de 180 metros para salvar el vuelo y no tener que aterrizar fuera.

La billetera en el bolsillo ya comenzaba a quemarme el muslo con solo pensar en el costo del rescate. (Traer el avión a Chacabuco y remolque a Olmué). Para empeorar nuestra sicología, recibimos contacto del DG-200 de nuestro club que ya venía de vuelta a Olmué, y se encontraba por finalizar su vuelo, mientras nosotros nos encontrábamos en la primera pierna de nuestra aventura. Luego de momentos críticos logramos enrollarnos en aire que subía, siendo que todos los alrededores eran completamente descendentes, y tanto yo como Sergio, dimos un suspiro de alivio.

Nuevamente a 2.600 metros apuntamos hacia nuestra próxima parada, Las Lagunas, sector sudeste de Los Andes. Aquí junto a varios cóndores, logramos montar a 3.400 metros, dejándome plenamente aliviado y satisfecho con el trabajo que en conjunto habíamos hecho. Más tarde me daría cuenta que aún era bastante temprano para sentirme aliviado.

Con la buena altura que teníamos, seguimos hacia el norte por la ladera de la precordillera y con destino a la hermosa Laguna Copín. En el trayecto, vimos como el Duo Discus del Club de Planeadores de Vitacura se nos unió por debajo en una térmica, que pudimos compartir por un buen rato. Satisfechos con nuestro ascenso, abandonamos por el Norte dejando a nuestro amigo del aire a solas con la térmica. Llegamos a la Copin, entre ascensos y descensos con los mismos 3.400 metros con los que salimos de Las Lagunas. Bien, ya estamos casi, pensé. Eso sí ahora tocaba otro cruce, esta vez al Weste, desde la Laguna Copín al Cerro Tabaco, que da para el sector de Panquehue.

Confiados, comenzamos el cruce mirando unos suculentos cúmulos sobre nuestro destino (nubosidades que marcan aire ascendente). Nuevamente, el cruce estuvo bastante malo y llegamos al Tabaco 1.000 metros más abajo que nuestra salida (3.600 a 2.500) metros. Ya eran las 18:30 y la temperatura del día (necesario para las corrientes ascendentes e inestabilidad) bajó a un punto en donde todo lo que antes subía, ahora bajaba. Esos hermosos cúmulos que habíamos visto desaparecieron completamente al momento que llegamos sobre el cerro. ¿Ven? No fue muy certero celebrar sobre las Lagunas, ya que nuevamente estábamos críticos para llegar a Olmué.

Luchando con rachas ascendentes que se cortaban a cada rato y descendentes que hacían parecer que la tierra quisiera tragarse al Marianne, decidimos partir hacia Olmué con la altura que teníamos, 2.400 metros app. Estábamos sobre, pero cerca de la mínima para llegar a nuestra pista. Ahora era solamente un tema de paciencia, y hacerle caso divino al instrumento MacCready (Va superpuesto sobre el variómetro e indica velocidad a volar en base a descenso para un mejor planeo).

Ni Sergio ni yo lo dijimos, pero no dudo en que ambos pensamos que si nos tocaba otro descenso infernal como todos los anteriores, no llegaríamos a Olmué, y terminaríamos en el mejor de los casos en El Boco, Quillota. El descenso comenzó bastante negativo pero luego de un par de kilómetros se volvió más calmo el aire y nuestro planeo era muy bueno. Llegamos a Quillota por el Norte con 1.400 metros y ya a estas alturas solo faltaba cruzar un portezuelo y estábamos de local en Olmué. Siguiendo la ladera con la aeronave que se había portado excelente hoy, y luego de uno de los vuelos más luchados de mi carrera como piloto, estábamos en Olmué.

Creo que nunca probaré una cerveza tan deliciosa como la que me tomé después de ese vuelo, porque nos la merecíamos. Y así es, como realicé mi primera vuelta Olímpica, en un planeador que nunca había volado, y que también voló por primera vez a la cordillera
Agradecimientos a mi amigo e instructor Sergio Campos por la buena disposición y hacerme dejar botadas todas las demás cosas que tenía que hacer, para ir a volar, y a Marcelo Corral por arrendarme el planeador. Invitamos a todos a nuestra página de Facebook, donde subimos material periódicamente www.facebook.com/planeadoresvalparaiso como también nuestra reciente inaugurada página web www.planeadoresolmue.cl

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