La visión de Horacio Parragué, de Oshkosh AirVenture 2017

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1 de septiembre, 2017
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Las hojas del calendario van desprendiéndose lentamente hasta que aparece julio, mes en que durante su última semana se realiza el gran espectáculo anual de la Asociación de la Aviación Experimental (EAA) en la ciudad de Oshkosh del estado de Wisconsin en Estados Unidos. Digo Gran Espectáculo, porque es la mayor reunión mundial de aeronaves, público y de todo lo que se relacione con la Aviación General. Este año se conmemoraban los ochenta años del Piper J3 Cub y el septuagésimo quinto aniversario del ataque a Tokio, efectuado por aviones North American B-25 Mitchell despegados desde el portaviones Hornet, dirigidos por Jimmy Doolittle. Y no quisimos faltar.

Un grupo de socios del Club Universitario de Aviación, encabezados por su presidente don Jorge Ríos Grotewold, restaurador y propietario del flamante Piper J3C-65 Cub registrado CC–ALK, se reúne en la ciudad de Hartford, al sur de Oshkosh, en medio de una hermosa campiña, para presenciar la concentración de cuarenta y dos Piper J3. El objeto de la concentración, organizada por CubAir, era que despegaran los cuarenta y dos aviones en fila india con destino a Oshkosh la madrugada del domingo veintitrés de Julio previo a la inauguración de la feria programada para el lunes veinticuatro.

Desde muy temprano se preparaban los aviones y ya van rodando, sobre el pasto empapado de rocío, hacia el punto de espera de la pista. Con intervalos de menos de un minuto, a un brusco movimiento de bandera, inician la carrera de despegue y se elevan hacia el norte formando un largo rosario amarillo. Se calcula que al momento del último despegue desde Hartford, el primer avión estaría llegando a Oshkosh y se habría formado una cinta continua de cuarenta y dos Piper J3 Cub entre ambos aeródromos.

Vuelto el silencio al aeródromo, compartimos un café y rosquillas con la gente de CubAir y tenemos oportunidad de admirar el interesante e impecable Fairchild 71 NC9708 que hizo escala en Hartford antes de continuar a Oshkosh. Toda su cabina está revestida con finas maderas y lujosamente decorada, su recubrimiento de tela así como su motor radial reflejan alegremente los destellos del sol matutino. Lo único que delata que estamos en 2017 y no en los años treinta, son sus equipos de navegación, de comunicaciones y unas discretas antenas.

De regreso al hotel desayunamos, con los que no quisieron madrugar, y luego partimos a Oshkosh para hacer algunas compras y visitar el museo de la EAA. Se exhiben ahí, en un moderno y amplio edificio, de varios niveles y rodeado de prados, una variada colección de aviones experimentales así como aviones militares. También están a disposición del público, simuladores, salas temáticas y didácticas. En un prado, tras el edificio principal, se podía admirar varios otros novedosos aviones visitantes.

El lunes a media mañana, ya estamos disfrutando y participando del variado ambiente aeronáutico que se vive y respira durante toda la semana. Vuelos populares a cargo de varios helicópteros y Trimotores Ford, saltos en paracaídas, vuelos en parapente, demostraciones en vuelo de diversos tipos de aeronaves civiles y militares, vuelos simultáneos de grandes formaciones monomarcas, vuelos acrobáticos individuales y en formación tanto diurnos como nocturnos. Muchas de estas actividades se están realizando al mismo tiempo, gracias al profesionalismo de “La torre mas atareada del mundo”. Por larga que sea la semana, no hay tiempo de ver todo lo que se ofrece al interés de los asistentes.

La celebración del ataque a Tokio permitió que se luciera, tanto en tierra como en vuelo, la mas magnífica colección de inmaculados North American B-25 Mitchell. Despegaron uno tras otro frente al público, simularon un ataque aire-tierra dramatizado por atronadoras explosiones y nubes de humo negro. Luego, durante largo rato, sobrevolaron la pista a baja altura y formaron dos hipódromos a ambos lados de la pista. Toda esta presentación terminó con una demostración de perfectos aterrizajes en tres puntos.

Por su parte, tampoco podía faltar el avión de combate favorito del público, el North American P-51 Mustang que lo vimos volando en formación con un Fairchild A-10 Warthog y un Lockheed Martin F-22 Raptor.

Otra atracción importante es la Seaplane Base, un pequeña y abrigada ensenada en el Lago Winebago, donde se reune una flota de hidroaviones y anfibios que va desde el pequeño Piper J3 hasta el contundente de Havilland Canada Beaver. Se llega a ese lugar después de un corto recorrido en bus entre verdes cultivos y frondosos bosques. El pasaje de US$ 3.00 incluye un recorrido guiado por toda la ensenada en una cómoda embarcación.

Mi visita a Oshkosh culminó el miércoles, felizmente, con un espectáculo de vuelos nocturnos, fuegos artificiales y una copiosa lluvia torrencial.

Horacio Parragué B.
Santiago, Agosto 2017.

FIN

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