Retornando a Ovalle desde la Navegueta 2017 en Uruguay (parte final)

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23 de noviembre, 2017
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Por Roberto Dabed, imágenes del autor y Marcelo Rodríguez.

Llegados al aeropuerto bonaerense de San Fernando, cargamos combustible, hicimos ingreso a la República Argentina con las malas caras de la chica de migraciones, pero con toda la amabilidad del resto del personal y antes de 90 minutos despegábamos rumbo a Mendoza, donde volando a FL045 demoramos casi 3.30 horas en llegar a destino, por lo que con uno de los tablets improvisamos una sala de cine viendo películas de Netflix mientras monitoreábamos el buen comportamiento de nuestro Pegaso. Si bien el viento no nos perjudicó mucho, fue la turbulencia constante la que nos acompañó todo el viaje, mientras que al arribo a destino nos encontró un caluroso día, y cuatro incendios en la cercanía de la pista hacían del aterrizaje un momento interesante.

Bajarnos a la carrera y lograr sortear toda la burocracia en menos de 90 minutos fue un logro que nos daba esperanza para llegar a casa el mismo día; así el turn around fue rápido, cargamos combustible y despegamos en ascenso para lograr el cruce. Durante esos 40 minutos que duró el ascenso y crucero sobre la cordillera fue de un silencio y concentración máxima; la diferencia de presión se había incrementado de 5 a 8 HpA, límite que nos habían recomendado para intentar cruzar, lo que auguraba un cruce movido y desafiante, a la vez que a nuestro nivel FL155 se podían ver las altas cumbres a nuestro alrededor muy por sobre nuestro nivel. El bamboleo fue constante pero menor a lo que esperábamos, mientras que un par de descendentes nos hizo bajar la velocidad y contener la respiración, mientras que el avión daba brava batalla para mantener nivel, rumbo y velocidad.

Luego de casi 40 minutos desde despegados pudimos avizorar el valle de Los Andes, poniendo por fin tierra patria bajo nuestras alas, iniciando un pronunciado descenso rumbo a la penúltima parada, la que esperábamos fuera de las más expeditas pero que nos deparaba poco agradables sorpresas. Arribados al aeropuerto Arturo Merino Benítez comenzó el calvario. El Servicio Agrícola y Ganadero SAG nos exigía papeles que no teníamos, Aduanas se portó excelente haciendo el trámite y la revisión -si bien exhaustiva muy expedita y agradable- y luego toco la peor parte… entrar a nuestro país. Que esperen a la PDI acá al pie del avión, que no, que tienen que ir a la terminal; que de la terminal entramos como cualquier viajero y luego hacer chequeo de seguridad para volver a la losa y que un follow me, que se portó excelente nos llevara de vuelta al avión… un cuento de no creer.

Como piloto civil, uno viaja con elementos prohibidos para los pasajeros regulares, parte del equipo de seguridad propio de cada piloto, como cortaplumas y similares, mezclar pasajeros “sucios” en el area “limpia” es a todas luces un descriterio, pero qué se le va a hacer a nuestras iluminadas autoridades. Ni hablar de un aeropuerto internacional para aviación general. En fin, luego de correr por la terminal y losas logramos subir de nuevo al avión y cerca de las 19.00 horas pudimos despegar para el último tramo, que nos llevaría de vuelta a nuestra base cerrando más de 4.000 kilómetros recorridos y más de 1.800 volados solo ese día!

Volamos confiados en llegar, pero sabiendo que en caso de viento en contra podríamos aterrizar en La Serena pasado el crepúsculo, lo que no fue necesario: ya que unos 20 minutos antes de la hora cero nos encontrábamos en aproximación a la gloriosa pista 22 del que el jueves era el Aeropuerto Internacional de El Tuqui y que días después volvía a ser nuestro conocido Aeródromo El Tuqui, donde nos esperaban nuestras familias y el Alcalde de Ovalle Claudio Rentería para reconocernos como la primera tripulación que lograba conectar vía aérea la provincia del Limarí con el mundo, mediante un vuelo internacional.

La recepción fue gloriosa: aterrizar con el sol escondiéndose por la costa de Tongoy será una imagen que atesoraremos por el resto de nuestras vidas; llegar sanos y salvos luego de tan notable aventura sin duda nos refrendó las palabras que nos dijo Héctor Freyre antes de salir: “Saldrán como capitanes y volverán a casa como Comandantes”, mientras que en esta vida nunca se termina de aprender, y en temas aeronáuticos uno siempre se siente como un principiante. Sin duda las horas de vuelo y de losa, así como los destinos conocidos, engrosarán de gran manera nuestras bitácoras de vuelo permitiéndonos convertirnos en mejores pilotos.

Finalmente agradecer a nuestras familias, que sabiendo los riesgos nos apoyaron entusiastamente en este proyecto, a la grandiosa PDI de la provincia de Limarí que nos prestó todo el apoyo necesario, así como también a Aduanas de Coquimbo que estuvieron al día y la hora solicitada. A las autoridades, especialmente a nuestro alcalde Claudio Rentería quien nos impulsó a realizar este proyecto, así como nos recibió en una muestra enorme de cariño, y al gobernador Vladimir Pleticosic que nos ayudó a sobrepasar los obstáculos burocráticos.

No quiero terminar sin reconocer a la DGAC Chile, tan vilipendiada habitualmente, que si bien tiene mucho que mejorar, muestra un enorme profesionalismo; a la gente de la ARO y la Torre de SCSE (La Serena) y al general director General Bruno Villalobos y al secretario general General (R) Ricardo Gutiérrez, sin cuya ayuda no hubiera sido posible levantar el vuelo. Cuando las voluntades se alinean, no hay fuerzas en la tierra capaces de impedir una empresa. Esperamos con ansias nuestro próximo raid, así como también el año 2018 ojalá podamos tener la “Navegueta 2018 Chile, a puro Pacífico” tocando ruedas en Ovalle, ¡donde los recibiremos con el cariño habitual que tenemos por estos lados!

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  • Víctor Arredondo Santander hace 6 días

    Muchas felicidades Marcelo!!! Un abrazo afectuoso desde Limache, reconociendo y recordando siempre tus capacidades como piloto y como una persona excepcional. Éxito!!!

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