Despedida al Aviador Civil Iván Cabrera Cassanello

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12 de julio, 2018
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Con las alas enarcadas en quimérica bandada, dejaremos Camaradas uno a uno la legión.

Volaremos en las noches como un gran tropel de albatros, siempre alegres, siempre unidos en fantástica visión“.

Versos tristes, que a la muerte de un compañero, allá en los ya lejanos años veinte, nacieran de la pluma fina y sentimental del entonces Teniente Diego Barros Ortiz y que llevados a conocimiento del Comodoro Arturo Merino Benítez, pasaran a constituir el himno de la Fuerza Aérea de Chile.

Estrofas que esta tarde acuden a la mente, cuando las porfiadas lágrimas pugnan por nublar la vista, al darnos cita para despedir a otro viejo camarada, que acudiendo al llamado del Supremo Hacedor ha dejado también la legión.

Desde muy niño don Iván Cabrera Cassanello sintió el embrujo de los cielos orientando sus pasos hacia la Escuela de Aviación, anhelos que se vieron bruscamente tronchados por la repentina muerte de su padre. Lamentable suceso que a edad temprana lo obligó a entrar a trabajar para costear su educación y ayudar al sustento familiar.

No obstante, quiso el destino que a comienzos de los años cincuenta, el Club Aéreo de Rancagua le abriera sus puertas, otorgándole facilidades especiales para hacer el curso de piloto.

Fue un 27 de mayo de 1950, que tras rendir un brillante examen, la Dirección de Aeronáutica le otorgó el brevet de piloto aviador de turismo, dando con ello comienzo a una dilatada trayectoria en los cielos de la patria.

Instructor de vuelo a contar del 9 de Agosto de 1956, durante su vida como tal formó más de cien nuevos pilotos en los clubes aéreos de Rancagua, San Fernando y Santa Cruz, todos los cuales hoy lloran la partida del viejo maestro.

Por otra parte, convencido que el volar no era solo la satisfacción de un placer personal, cuando aún no se creaba en Chile el Servicio de Búsqueda y Salvamento como hoy lo conocemos, organizó a los clubes aéreos zonales y personalmente encabezó innumerables búsquedas de aeronaves y personas extraviadas, especialmente en los sectores cordilleranos.

Asimismo, convencido de la necesidad de que Rancagua contara con un nuevo aeródromo, aunó voluntades y tras grandes esfuerzos los vio materializados al autorizarse el funcionamiento del campo aéreo “La Independencia”, poniéndose fin a las actividades aéreas en la precaria canchita “Centenario”.

Poco después lograría extender la pista en más de mil metros y levantar el primer hangar del Club Aéreo de Rancagua.

Dotado de un férreo espíritu solidario, producido el terremoto del 21 de Mayo de 1960 es de los primeros en llegar a Hualpencillo llevando ayuda para los damnificados.

Benemérita acción que tras el violento sismo y maremoto del día 22, lo lleva hasta Chiloé, isla en la cual permaneció operando como integrante del puente aéreo durante un mes.

Fue a su paso por la región de Los Lagos que desde el aire pudo apreciar lo acaecido en el Riñihue, siendo el primero en alertar a las autoridades del peligro que se ceñía sobre Valdivia.

Por su meritoria actuación durante los sismos, la Fuerza Aérea de Chile lo integró a su reserva aérea, llegando con el transcurso de los años a alcanzar el Grado de Comandante de Grupo de Reserva en la Rama del Aire. El más alto al que puede aspirar un oficial de reserva.

Hablar de la vida de don Iván Cabrera Cassanello, es referirse a la historia del Club Aéreo de Rancagua entidad de la cual fue socio por más de cincuenta años, de ellos, treinta como director y catorce como su presidente.

En varias oportunidades le correspondió traer aviones en vuelo desde los Estados Unidos, época en que los sistemas de ayudas a la navegación, de meteorología y de comunicaciones eran precarios.

Memorable fue su vuelo en 1971 en que trayendo un Piper Cherokee 140, se vio cogido por una violenta tormenta tropical, en que como último recurso para salvar la aeronave confiada a sus manos, se vio obligado a aterrizar en una cuesta de un camino montañoso.

Tan dilatada trayectoria en los cielos de la patria, en vida lo hizo acreedor a innumerables testimonios de reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional.

Estando cierto que su innata modestia no le habría gustado que ello se trajera al recuerdo, en esta ocasión solo me permitiré mencionar que fue distinguido con el “Premio Paul Tissandier”, otorgado por la Federación Aeronáutica Internacional y que la Fuerza Aérea de Chile prendió en su pecho la “Condecoración Cruz al Mérito Aeronáutico”.

Se ha ido don Iván Cabrera Cassanello y con seguridad su recuerdo se irá lentamente diluyendo como sucede con el murmullo del ruido del motor de un avión que pasa.

Por nuestra parte sólo nos resta encomendarlo a Nuestra Señora de Loreto, Patrona de la Aviación, para que a su llegada a los azules horizontes lo acoja con bondad y lo lleve a la presencia de Dios Padre a recibir el premio a que con justicia se hizo acreedor a su paso por esta tierra.

Sergio Barriga Kreft
Rancagua, 10 de Julio de 2018

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  • Juan Acevedo Fuenzalida hace 4 meses

    Hermosas palabras que hacen honor a quién cultivó la aviación civil con amor y pasión, haciéndose acreedor de los más altos reconocimientos que esta actividad puede brindar a un piloto.
    El club aéreo Rancagua le debe mucho a Don Iván en cuanto a la infraestructura que luce hoy, partiendo desde su hangar principal en lo material y en el vuelo, haber formado más de 100 nuevos pilotos, ad horem, haber traído desde Estados Unidos 3 aeronaves para el club. Contagiaba su disposición y buena voluntad para contribuir en cualquier actividad que se le encomendara. Un ejemplo de persona que merece ser reconocido y destacado como un ejemplo a seguir.

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